Te llevo al corazón espiritual de Valencia. Su catedral es un libro de piedra donde el gótico, el románico y el barroco se abrazan en cada puerta y cada nave; caminamos por dentro y cada siglo nos susurra algo distinto.
En una capilla te enseño su tesoro: el Santo Cáliz, venerado como el Santo Grial. Nos detenemos en silencio ante esa copa antigua, y te cuento por qué tantos peregrinos han venido de tan lejos para verla.
Y si llegamos un jueves al mediodía, salimos a la Puerta de los Apóstoles: allí se reúne el Tribunal de les Aigües, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Ven y lo vivimos juntos.
Historia y arquitectura
El sitio ya era sagrado mucho antes de la catedral. Según Visit València se levantó sobre un templo romano que después fue la mezquita de Balansiya, la Valencia árabe, y las excavaciones del vecino Centro Arqueológico de la Almoina han sacado a la luz restos de la antigua catedral visigoda del siglo V, que más tarde se convirtió en mezquita. Tras la conquista cristiana de 1238 la mezquita siguió en pie durante décadas; en 1262 fray Andreu d’Albalat decidió derribarla y construir una catedral según los planos del arquitecto Arnau Vidal, dedicada, por deseo de Jaume I, a la Asunción de María.
La obra se hizo entre los siglos XIII y XV. Se construyó deprisa, para marcar territorio cristiano frente al musulmán, y no fue un encargo suntuoso de ningún monarca sino una obra ciudadana pagada por la burguesía local; de ahí buena parte de su sobriedad. Primero se levantó la cabecera, con girola y crucero; a finales del siglo XIII ya tenía el deambulatorio con sus ocho capillas y la puerta románica de la Limosna. Entre 1300 y 1350 se cerró el crucero por el oeste con la puerta gótica de los Apóstoles y se empezó el cimborrio. En 1459 Francesc Baldomar y Pere Comte añadieron un tramo más a las naves y unieron definitivamente la catedral con la sala capitular y con el Micalet. Desde entonces mide 94 metros de largo por 53,65 de ancho en el crucero. En 1492 el papa Inocencio VIII elevó la sede a metropolitana, a petición del cardenal Rodrigo de Borja, el futuro Alejandro VI.
Qué mirar
Las tres puertas. La de la Limosna es la más antigua y es románica; mira al este, lo que sugiere que allí estuvo el mihrab de la mezquita, y sobre el arco hay talladas las cabezas de siete matrimonios de Lérida que, según la tradición, representan a los primeros repobladores. La de los Apóstoles es de gótico francés: Nicolás de Ancona trabajó en ella desde 1303 y en 1354 ya estaba acabada. Tiene tres arquivoltas con 48 figuras, entre ángeles, santos y profetas; las originales, muy deterioradas, se llevaron al museo en los años 1960 y las que ves son copias. La de los Hierros, la principal, es barroca: se empezó en 1703 y la terminaron en 1713 los discípulos del escultor alemán Konrad Rudolf. Es uno de los pocos ejemplos en España de barroco italiano de planta ondulante, a la manera de Bernini o Borromini.
El cimborrio. Es un prisma octogonal de dos cuerpos, cada uno con ocho ventanales de fina tracería calada; el superior es de Martí Llobet, hacia 1430, y mide unos 40 metros de altura. Gracias al alabastro translúcido, la luz que cae sobre el crucero es siempre blanca.
La capilla del Santo Cáliz. Fue la sala capitular, obra de Andreu Julià entre 1356 y 1369 en gótico florido; el cáliz se trasladó aquí en 1916. La planta es cuadrada, de 13 metros de lado y 16 de altura, con una bóveda de crucería en forma de estrella en cuyas claves están los doce Apóstoles. El retablo de alabastro tiene doce relieves del florentino Giuliano di Nofri, de las primeras obras del Renacimiento en España. El cáliz es una copa tallada en ágata oriental; la tradición de la propia catedral dice que es la misma que usó el Señor en la Última Cena. Según la leyenda que recoge Visit València, san Pedro la guardó en Roma, el papa Sixto II la llevó a Huesca y Alfonso el Magnánimo la trajo a Valencia; desde el siglo XV se guarda en esta capilla.
El museo y las costumbres. El Museo Catedralicio guarda lienzos de Maella y de Goya y reliquias de la antigua Corona de Aragón. Y una tradición valenciana que me gusta contar: las embarazadas dan nueve vueltas a la catedral rezando a la Virgen del Buen Parto.