Cruzo contigo el umbral de la Lonja de la Seda y bajamos la voz sin querer. Este palacio gótico civil, donde antaño se comerciaba la seda, es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1996, y en cuanto entras entiendes por qué.

En la Sala de Contratación levantamos la mirada juntos: las columnas se retuercen en espiral hacia lo alto como palmeras de piedra, y la luz se filtra como en un bosque. Luego salimos al patio de los naranjos, donde el aire huele a azahar y el silencio es puro.

Es un lugar para respirar despacio. Déjame enseñártelo con calma.

Historia y arquitectura

Antes de seguir, te cuento cómo nació este edificio. La Lonja se destinó desde un principio al comercio de la seda, y también se la conoce como Lonja de los Mercaderes. Está en la plaza del Mercado, frente a la iglesia de los Santos Juanes y al Mercado Central, tan cerca de este último que veremos los dos en el mismo paseo.

Las obras empezaron oficialmente el 5 de febrero de 1483, con Pere Compte como arquitecto y la ayuda de Joan Iborra hasta 1486. La Sala de Contratación, el cuerpo principal, se terminó entre 1483 y 1498: quince años. Más tarde se añadió el Consulado del Mar. La UNESCO describe el conjunto como construido entre 1482 y 1533, una obra maestra del gótico flamígero que ilustra el poderío y la riqueza de una gran ciudad mercantil mediterránea de los siglos XV y XVI.

Por eso la UNESCO lo inscribió en 1996 como «ejemplo totalmente excepcional de un edificio secular en estilo gótico tardío». Y mucho antes, en 1931, ya era Monumento Nacional. El conjunto tiene cuatro partes: la Sala de Contratación, la torre, el Patio de los Naranjos y el Consulado del Mar, y te las enseño una por una.

Qué mirar

La Sala de Contratación. Tiene tres naves longitudinales, de 21,4 metros de ancho en total, y cinco transversales, con 35,6 metros de fondo. Las bóvedas de crucería alcanzan 17,4 metros de altura y descansan sobre ocho columnas helicoidales de 11 metros. Fíjate en cómo los nervios nacen de cada columna y forman bóvedas casi esféricas, con nueve claves por tramo. Se ha leído como un templo del comercio: las columnas serían troncos de palmera y la bóveda, el cielo, que estuvo pintado de azul con estrellas doradas. Bajo las bóvedas, una cenefa de inscripciones latinas en oro sobre fondo oscuro recordaba a los mercaderes que no debían practicar la usura. Aquí funcionó también la Taula de Canvis, el banco municipal de la ciudad.

Las fachadas. Mira las ventanas de decoración flamígera, las puertas monumentales con arcos conopiales y las pequeñas esculturas. Hay veintiocho gárgolas, casi todas con escenas satíricas o eróticas, y entre las figuras aparecen demonios y animales fantásticos. Te las voy señalando una a una.

La torre. Es cuadrada y más o menos un tercio más alta que el resto del edificio. Las almenas que lleva hoy las añadió el restaurador Josep Aixa entre 1885 y 1902. En la planta baja había una capilla, construida entre 1484 y 1486, con una bóveda estrellada; los pisos de arriba sirvieron de prisión, con un calabozo para los ladrones de seda y los mercaderes poco honrados.

El Patio de los Naranjos. Es el jardín al que se sale desde la Sala de Contratación: naranjos, cipreses y una fuente central con forma de estrella de ocho puntas. Es el rincón donde más se respira.

El Consulado del Mar. Es la institución creada en 1238 donde los cónsules juzgaban los asuntos marítimos y mercantiles; la página oficial de turismo lo presenta como sede del primer tribunal de comercio marítimo de España. Su fachada combina elementos góticos y renacentistas, con medallones de emperadores, reyes y personajes ilustres. En la primera planta está la Cámara Dorada, con una techumbre de madera policromada hecha entre 1418 y 1445, rescatada de la antigua Casa de la ciudad cuando la derribaron en el siglo XIX.