Te llevo a mi despensa favorita de Valencia. El Mercat Central abrió en 1928 y es un palacio modernista de hierro, vidrio y azulejos que brilla con la luz de la mañana. Antes de entrar, te pido que mires arriba: sobre una de las cúpulas gira una cotorra de veleta que vigila la ciudad.
Dentro nos espera un remolino de vida: cientos de puestos de fruta reluciente, pescado fresco, jamones colgando, especias, flores. Te presento a los vendedores, probamos, olemos, y aprendemos a comprar como los valencianos.
Ven con hambre y con curiosidad; yo pongo las historias.
Historia y arquitectura
El lugar donde estamos ya era mercado mucho antes del edificio: desde la primera expansión de la ciudad, aquí se instalaban los mercados ambulantes. En 1839 se inauguró un mercado descubierto, el Mercado Nuevo, que es el germen del actual. A finales del siglo XIX se quedó claramente pequeño, y el Ayuntamiento convocó dos concursos para construir uno nuevo.
En 1910 llegó otro concurso. De los seis proyectos presentados ganó el de los arquitectos Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial, que se habían formado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y habían trabajado con Lluís Domènech i Montaner, un arquitecto con estilo propio dentro del Modernismo. El rey Alfonso XIII dio varios golpes con una piqueta de plata en el muro del número 24 de la plaza del Mercado el 24 de octubre de 1910. Para despejar el solar hubo que derribar más de cuarenta casas.
A petición del Ayuntamiento, los arquitectos modificaron el proyecto, y el mercado se construyó según el fechado en noviembre de 1914. Lo terminaron en 1928 los arquitectos Enrique Viedma y Ángel Romaní, y el edificio actual se inauguró el 23 de enero de 1928.
Ocupa más de 8.000 metros cuadrados y tiene una potente estructura metálica sobre esbeltos pilares de fundición. Debajo hay un gran sótano de aprovisionamiento, con pilares redondos de ladrillo y bóvedas rebajadas. Dentro, la distribución es racionalista: los puestos se alinean en calles rectas que cruzan dos vías anchas, y se concibió para 959 puestos.
Qué mirar
Las cúpulas. Son de hierro, cristal y cerámica, y la central llega a los 30 metros de altura. Las coronan dos veletas: la cotorra, que ya te señalé, y el pez. Desde dentro, la luz que baja de la cúpula y de las vidrieras es parte de la experiencia; el propio mercado la llama «la Catedral de los Sentidos».
La fachada principal. Mira de frente a la Lonja: arriba hay grandes huecos con lamas y vidrieras, enmarcados por un revestimiento cerámico de brillo metálico. En los extremos se levantan dos construcciones de ladrillo rojo de eco centroeuropeo, donde se nota la influencia de Domènech i Montaner; la de la izquierda se llama La Llotjeta. Se sube por amplias escalinatas y el acceso queda señalado por robustas columnas de piedra que enmarcan tres arcos de medio punto. Los dos pabellones que flanquean la entrada principal son de ladrillo visto, con piedra y cerámica decorada, y el cuerpo anexo de la Tenencia de Alcaldía remata en torretas con pequeñas cúpulas semiesféricas.
La plaza. El mercado comparte plaza con la Lonja de la Seda y con la iglesia de los Santos Juanes, y su arquitectura no rompe la estética del conjunto. Cuando salgamos, quédate un momento en medio y mira los tres edificios a la vez.
La decoración. Según el propio mercado, es el edificio más representativo de la Valencia de principios del siglo XX, que avanzaba hacia el progreso tecnológico y mercantil y se sentía orgullosa de su huerta. Esa apuesta por el progreso y por la producción agrícola se ve en la estructura modernista y en la ornamentación alegórica del interior; te voy enseñando los detalles según vayamos recorriendo los pasillos.
El mercado se presenta como el mercado en activo más grande de Europa.