Aquí te digo lo contrario de lo que dicen en casi todos los museos: por favor, toca. El Museu de les Ciències tiene una estructura blanca y descarnada que parece el esqueleto de una enorme ballena tumbada junto al agua, y su lema nos invita a tocar, sentir y pensar.

Dentro nos convertimos en niños otra vez: experimentos que se accionan con las manos, ciencia que se prueba en lugar de solo leerse. Es interactivo de arriba abajo, y me encanta descubrirlo contigo, sin prisa y con muchas preguntas.

Trae curiosidad; aquí está permitido equivocarse y volver a intentarlo. ¿Entramos a jugar?

Historia y arquitectura

El Museu de les Ciències es obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava y se inauguró el 13 de noviembre de 2000. Forma parte de la Ciutat de les Arts i les Ciències, el conjunto levantado en el antiguo cauce del Turia, y es, según el propio museo, único en el mundo por la geometría del edificio, su estructura, los materiales que lo forman y la presencia continua de la naturaleza en él.

La idea que hay detrás, en palabras del museo, es que la arquitectura, la ingeniería y el arte se relacionan de cerca con la ciencia y la tecnología y con algunos de sus principios básicos: sencillez en los planteamientos y elegancia en las formas. Así, el continente y el contenido alcanzan una coherencia profunda. El edificio es parte de la colección, y su gran tamaño permite hacer varias actividades a la vez, a diferencia de los museos pequeños, que tienen que limitarse a un solo campo de la ciencia o de la naturaleza.

Las cifras ayudan a imaginarlo: mide 220 metros de largo, 80 de ancho y 55 de altura; tiene 42.000 metros cuadrados construidos, de los cuales 26.000 son de exposición, y se presenta como el mayor de España en superficie total. Tiene 20.000 metros cuadrados de superficie acristalada, con más de 4.000 cristales, y lo rodean 13.500 metros cuadrados de láminas de agua. Para levantarlo hicieron falta 58.000 metros cúbicos de hormigón y 14.000 toneladas de acero.

Qué mirar

El edificio desde fuera. Antes de pasar la puerta, merece la pena rodearlo. Esa estructura blanca y las láminas de agua que la rodean son parte de la visita, y el museo mismo dice que el edificio es parte de su colección.

El Bosque de Cromosomas. Es una representación a gran escala de los 23 pares de cromosomas del genoma humano, con muchos módulos interactivos sobre genes concretos y sobre cómo funcionan.

El Teatro de la Ciencia. En la primera planta es un espacio permanente donde se ponen en escena demostraciones, shows y representaciones científicas en directo. El museo defiende que la experiencia en directo es la forma más estimulante y divertida de aprender ciencia, y por eso, además de las exposiciones, ofrece un programa de animación científica en el que el público colabora con los monitores.

Las terrazas y las aulas. El museo tiene aulas y terrazas, interiores y exteriores, que se usan para talleres y actividades. Entre las exposiciones y las demostraciones hay mucho que hacer, así que conviene decidir qué quieres ver antes de entrar.

Un museo con mundo. Más allá de lo que se ve, el museo se ha convertido en un foro de congresos científicos y en centro de referencia de encuentros internacionales: entre otros, la V Cumbre Euromediterránea, el 57 Congreso Internacional de Astronáutica y la 27.ª reunión plenaria del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas.

Las exposiciones temporales cambian y no te las enumero aquí. Para las actividades en curso, los horarios y las entradas, consulta la web oficial del museo.