Cuando tu crucero atraca, yo estoy en el muelle esperándote. El Puerto de València es uno de los más activos del Mediterráneo y su terminal de cruceros es la puerta por la que miles de viajeros ponen por primera vez un pie en la ciudad.
No tenemos que ir lejos: desde aquí, en apenas unos minutos, llegamos a la Marina y a la playa de la Malvarrosa, con su arena dorada y sus paelleras junto al mar. Aprovechamos cada hora de tu escala para vivir Valencia de verdad.
Baja del barco y ven conmigo: en un día te enseño el alma de esta ciudad.
Historia y arquitectura
Valencia nunca tuvo un buen puerto natural. Según la propia Autoridad Portuaria, la línea de costa, sin ningún abrigo natural, fue un serio obstáculo para empezar los intercambios marítimos y comerciales, aunque hay constancia de esa actividad desde el siglo VI antes de Cristo. La historia del puerto como tal comienza en 1483, cuando el rey Fernando el Católico concedió a Antoni Joan el privilegio de construir un puente de madera en la playa del Grao, el «Pont de Fusta». La misma página oficial cita además un privilegio de 17 de marzo de 1491, también a Antoni Joan, como primer antecedente de una explotación propiamente portuaria.
El comercio fue creciendo, y el rey Pedro III de Aragón concedió a Valencia la jurisdicción marítimo-comercial del Consolat de Mar. En la segunda mitad del siglo XV la ciudad, con 75.000 habitantes, era la más poblada de la península ibérica, y su puerto, el más importante de la Corona de Aragón, con líneas hacia puertos de Italia, Europa occidental y el norte de África.
Hasta el siglo XIX hubo varios proyectos de construcción y mejora de las instalaciones, sin demasiado éxito por las avenidas del Turia y el crecimiento de la playa. El tráfico, sin embargo, siguió subiendo: el puerto obtuvo privilegios de comercio con otros reinos en 1679 y con América en 1791, y se estableció como la sexta provincia marítima de España. Durante el siglo XX se mejoraron los edificios y los almacenes y se ampliaron los muelles hasta la configuración actual, con instalaciones especializadas para cada tipo de mercancía; esas ampliaciones, ligadas al tráfico de contenedores, le han dado, en palabras de Valenciaport, una posición de liderazgo entre los puertos comerciales del Mediterráneo occidental.
También cambió el modo de gestionarlo. Desde 1880 lo llevó la Junta de Obras del Puerto de Valencia, sustituida en 1968 por la Junta del Puerto; con el estatuto de autonomía de 1978 pasó a ser el Puerto Autónomo de Valencia, y con la Ley de Puertos de 1992 se llama Autoridad Portuaria de Valencia, su nombre actual. En 1985 se le integraron los puertos de Sagunto y Gandía, y hoy gestiona los tres bajo el nombre comercial de Valenciaport.
Qué mirar
Un puerto en marcha. No es un monumento sino un puerto de trabajo. Según la Autoridad Portuaria, canaliza mercancías de casi cualquier sector de la economía, tiene tráfico regular de pasajeros con las Baleares e Italia y ha tenido en los últimos años uno de los crecimientos más sólidos en cruceros del Mediterráneo.
El Edificio del Reloj. Visit València lo llama «el histórico corazón del puerto». Es un edificio neoclásico con elementos modernistas que marca la entrada a la Marina y al puerto; se construyó a principios del siglo XX como viviendas para la burguesía valenciana y hoy es la sede de la Autoridad Portuaria. Su torre del reloj le da el nombre y sirve de punto de referencia, y a la Marina se entra desde la Avenida del Puerto.
Los tinglados. Se conservan tres de estas grandes estructuras metálicas de estilo modernista, con decoración que alude a la navegación y a los productos valencianos que se exportaban desde aquí.
La actividad del puerto cambia cada día, así que no te cuento aquí qué barcos llegan ni qué está abierto. Para la información práctica, consulta la web oficial de Valenciaport.